Nos encontramos en el siglo XV, cinco siglos antes que Adolf Loos afirmara y teorizara su manifesto “ornamento y delito”. Filippo Brunelleschi era un arquitecto, escultor y orfebre renacentista italiano. Personaje matemático y entusiasta por la ciencia que cambiaría y facilitaría el camino en la arquitectura.
La necesidad de unos instrumentos intelectuales universales eran necesarios, para ya no tener que concebir y planificar los edificios desde zero, desde la “tabula rasa”. Había muchas formas de representar las tres dimensiones, pero ninguna de ellas se basaba en un sistema racional y matemático, es decir, por un procedimiento objetivo. Se necesitaba para eso un conocimiento y una previa visión del mundo abstracta, pues se trataba, de racionalizar las tres dimensiones a las dos dimensiones del plano del papel. Una abstracción casi incomprensible para el mundo medieval de la época.
Los objetos, animales, personajes… siempre habían ocupado un lugar simbólico en los retablos. Cristo, por ejemplo, se representaba más grande, divino. A partir de la creación de la perspectiva cónica de Brunelleschi, esto no ocurrirá. Los elementos tendrán un valor geométrico y ocuparán unas coordenadas. Los objetos se colocarán en el interior del plano de las dos dimensiones con una exacta precisión, de forma perfecta.
Giovanni de Medici, era un banquero de la Edad Media, fundador de la poderosa dinastía Medici de Florencia. Manda construir su capilla funeraria junto al complejo de San Lorenzo. El arquitecto (aunque en ese momento un término aún no reconozido como tal) será Brunelleschi.
La entrada de la capilla se produce por el interior de la basílica de San Lorenzo. Brunelleschi la piensa como conjunto de los dos elementos. La conexión entre ambas es en diagonal. Brunelleschi nos fuerza a ver y a entrar en la capilla desde una perspectica en diagonal. La planta de la capilla esta constituida por dos cuadrados, uno menor que el anterior proporcionalmente, que se desarrollan en las tres dimensiones. El mayor configura el espacio central por el cual accedemos, mientras que el menor es ocupado por el altar. La cúpula se desenvolupa tangente a las cuatro paredes, que a la vez se dividen en dos, la parte inferior: un muro liso, mientras que la superior incluye una media circumferencia, que si prolongamos sería tangente al suelo. Las proporciones de geometría son muy presentes, posibles gracias a la perspectiva, resultado de la reproducción mental y la visión abstracta.
El cubo mayor se materializa con unas pilastras coríntias en las esquinas. Las aristas del cubo se materializan, a la vez que ” sostienen” el entablamiento. El entablamiento esta compuesto por una escalera invertida en sección, que crea unas líneas de sombra, produciendo una sensación de desmaterialización, mientras el friso superior esta formado por circumferencias tangentes, recordando la condición de perfección de la perspectiva. Debajo se extiende una pared estocada de blanco sín ninguna representación. Pared lisa, pura. Arriba, una ornamentación reducida a los medallones, tangentes a los arcos de circumferencia, demostrando su extactitud. Todo es absolutamente perfecto. Nada se deforma.
Se demuestra el poder de Medici de forma intelectual. No se requieren grandes mármoles, ni mosaicos, ni decoraciones como todas las construcciones del momento ostentaban. Al mismo tiempo se desprecia por primera vez el hecho de que la forma no se puede separar de la tectónica. El muro no tiene cualidades, más que las que él, Brunelleschi, le ha dado. Desmaterialización del muro. No tiene peso ni densidad. No hay ornamentación.
Consigue una arquitectura previa. Una arquitectura intelectual que podemos reproducir mentalmente y que no requiere de ornamentación. Rompe con la tradición. Los medallones se podrían descolgar, tal como si fueran cuadros, y nosotros aún continuaríamos viendo la arquitectura. Podríamos colocar un cuadro, una ventana, una puerta, una cruz.. en medio del estocado blanco, y aún seguiriamos viendo el espacio arquitectónico. Podríamos ocultar una pilastra, pero nosotros aún intuiríamos donde estaba colocada.
Y así lo demuestra. La puerta que da acceso al interior de la capilla se sitúa en una de las esquinas, cortando literalmente la pilastra. Puede parecer un error, como si entraramos por un lugar provisional, inesperado. Pero forma parte del proyecto. La puerta corta y oculta la pilastra, pero nuestra cabeza sigue viendo ahí la continuación de esta.
Lo damos por supuesto, de la misma forma, que sabemos que el Sol sale en el horizonte de Oriente a Poniente.
T: Marc Subirana
Nos encontramos en el siglo XV, cinco siglos antes que Adolf Loos afirmara y teorizara su manifesto “ornamento y delito”. Filippo Brunelleschi era un arquitecto, escultor y orfebre renacentista italiano. Personaje matemático y entusiasta por la ciencia que cambiaría y facilitaría el camino en la arquitectura.
La necesidad de unos instrumentos intelectuales universales eran necesarios, para ya no tener que concebir y planificar los edificios desde zero, desde la “tabula rasa”. Había muchas formas de representar las tres dimensiones, pero ninguna de ellas se basaba en un sistema racional y matemático, es decir, por un procedimiento objetivo. Se necesitaba para eso un conocimiento y una previa visión del mundo abstracta, pues se trataba, de racionalizar las tres dimensiones a las dos dimensiones del plano del papel. Una abstracción casi incomprensible para el mundo medieval de la época.
Los objetos, animales, personajes… siempre habían ocupado un lugar simbólico en los retablos. Cristo, por ejemplo, se representaba más grande, divino. A partir de la creación de la perspectiva cónica de Brunelleschi, esto no ocurrirá. Los elementos tendrán un valor geométrico y ocuparán unas coordenadas. Los objetos se colocarán en el interior del plano de las dos dimensiones con una exacta precisión, de forma perfecta.
Giovanni de Medici, era un banquero de la Edad Media, fundador de la poderosa dinastía Medici de Florencia. Manda construir su capilla funeraria junto al complejo de San Lorenzo. El arquitecto (aunque en ese momento un término aún no reconozido como tal) será Brunelleschi.
La entrada de la capilla se produce por el interior de la basílica de San Lorenzo. Brunelleschi la piensa como conjunto de los dos elementos. La conexión entre ambas es en diagonal. Brunelleschi nos fuerza a ver y a entrar en la capilla desde una perspectica en diagonal. La planta de la capilla esta constituida por dos cuadrados, uno menor que el anterior proporcionalmente, que se desarrollan en las tres dimensiones. El mayor configura el espacio central por el cual accedemos, mientras que el menor es ocupado por el altar. La cúpula se desenvolupa tangente a las cuatro paredes, que a la vez se dividen en dos, la parte inferior: un muro liso, mientras que la superior incluye una media circumferencia, que si prolongamos sería tangente al suelo. Las proporciones de geometría son muy presentes, posibles gracias a la perspectiva, resultado de la reproducción mental y la visión abstracta.
El cubo mayor se materializa con unas pilastras coríntias en las esquinas. Las aristas del cubo se materializan, a la vez que ” sostienen” el entablamiento. El entablamiento esta compuesto por una escalera invertida en sección, que crea unas líneas de sombra, produciendo una sensación de desmaterialización, mientras el friso superior esta formado por circumferencias tangentes, recordando la condición de perfección de la perspectiva. Debajo se extiende una pared estocada de blanco sín ninguna representación. Pared lisa, pura. Arriba, una ornamentación reducida a los medallones, tangentes a los arcos de circumferencia, demostrando su extactitud. Todo es absolutamente perfecto. Nada se deforma.
Se demuestra el poder de Medici de forma intelectual. No se requieren grandes mármoles, ni mosaicos, ni decoraciones como todas las construcciones del momento ostentaban. Al mismo tiempo se desprecia por primera vez el hecho de que la forma no se puede separar de la tectónica. El muro no tiene cualidades, más que las que él, Brunelleschi, le ha dado. Desmaterialización del muro. No tiene peso ni densidad. No hay ornamentación.
Consigue una arquitectura previa. Una arquitectura intelectual que podemos reproducir mentalmente y que no requiere de ornamentación. Rompe con la tradición. Los medallones se podrían descolgar, tal como si fueran cuadros, y nosotros aún continuaríamos viendo la arquitectura. Podríamos colocar un cuadro, una ventana, una puerta, una cruz.. en medio del estocado blanco, y aún seguiriamos viendo el espacio arquitectónico. Podríamos ocultar una pilastra, pero nosotros aún intuiríamos donde estaba colocada.
Y así lo demuestra. La puerta que da acceso al interior de la capilla se sitúa en una de las esquinas, cortando literalmente la pilastra. Puede parecer un error, como si entraramos por un lugar provisional, inesperado. Pero forma parte del proyecto. La puerta corta y oculta la pilastra, pero nuestra cabeza sigue viendo ahí la continuación de esta.
Lo damos por supuesto, de la misma forma, que sabemos que el Sol sale en el horizonte de Oriente a Poniente.
T: Marc Subirana
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